La política concierne, en rigor, a las cuestiones públicas, a las que afectan a partes o a la totalidad de la comunidad de ciudadanos. Ahora bien, la determinación de “lo público” --y, por consiguiente, de las cuestiones que aborda la política-- y lo que es privado cambian según las coordenadas de tiempo y lugar. Temas que un día fueron objeto de regulación pública son ahora privados; en cambio, asuntos que antes pertenecían al ámbito privado se hacen públicos. Por poner sólo algunos ejemplos, hasta hace unas décadas la protección del medio ambiente no era un objetivo político; del mismo modo, la violencia doméstica tampoco preocupaba a los agentes políticos apenas unos años atrás. Ambas cuestiones se encuentran hoy, sin embargo, en lugares destacados de los programas de muchos gobiernos de los países más desarrollados.
A la transformación de un tema en asunto de interés público y atención política se le denomina con frecuencia “POLITIZACIÓN”. En los sistemas democráticos, los medios de comunicación de masas intervienen decisivamente en los procesos de politización, o lo que es lo mismo, en la introducción de un tema en la lista de cuestiones objeto de debate político. No sólo llaman la atención de los lectores, oyentes y espectadores sobre determinados asuntos, sino que, presentándolos y caracterizándolos de determinada forma, los “construyen socialmente” como problemas. Al definirlos de un modo u otro, al enfatizar unos aspectos y soslayar otros, condicionan cómo los ciudadanos entienden el problema y sus posibilidades de solución. De esta manera, en las sociedades que disfrutan de libertad de información, los medios de comunicación logran fijar bastante efectivamente la agenda pública, es decir, los asuntos que, de entre los muchos de los que se ocupan los políticos, los ciudadanos consideran más importantes. Efectivamente, si los medios de comunicación de masas nos proporcionan hoy día una guía útil para averiguar qué temas públicos interesan a los ciudadanos, en otras épocas y en determinadas comunidades las funciones de informar y crear opinión las han cumplido los oradores, los demagogos y otros líderes sociales.
Haciendo una transposición del texto politico analizado a la realidad del momento politico en el q nos encontramos podemos percibir que las reformas estatutarias, y en especial la catalana, no fue aupada por los medios de información al primer plano de actualidad poruqe tal demanda social no existía; el asunto adquiere máxima importancia cuando el tripartito (los oradores, los demagogos y otros líderes sociales) llegan al poder y la facción nacionalista de este gobierno reivindica como condición sine quanum la reforma estatutaria.
Es más, es que esos medios de comunicación catalanes, cuya misión es poner limites al poder politico desbocado de sus dirigentes, soltaron las camaras, los boligrafos y la inteligencia y se dedican a aplaudirles, hagan lo que hagan, acuerden lo que acuerden, aunque sea un desvarío para parte de la sociedad.
De la experiencia politica extraemos que estas reformas estautarias, y en especial de la catalana, no va a salir ningún beneficio para la sociedad, porque lo que lleva mal trayectoria en su inicio, se convierte en un desvío absoluto en su recorrido.
Maquiavelo 18/1/2006













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20.01.06 @ 19:59