Anoche se emitió el programa “Tengo cien preguntas para usted, Sr. Rajoy”, el cual me gustó mucho (igual que el que protagonizó Zapatero). Creo que es un formato muy bueno y acerca a los ciudadanos a sus políticos directamente, fuera de los broncos titulares de prensa.
Y debo decir que me gustó mucho el Sr. Rajoy, no por su ideología determinada, tan válida como cualquier otra, sino porque utilizó simple y llanamente el sentido común en sus respuestas. Se puede tener mayor o menor simpatía por unas siglas políticas, pero cuando lo que habla es el sentido común de cualquier persona “normal”, las ideologías y simpatías sobran y se impone la razón.
“…los políticos somos gente normal, como usted o como el Sr. Milá, y unas veces acertamos y otras muchas nos equivocamos, pero políticos buenos y malos, honrados o no, los ahí en todas partes como en cualquier otra faceta de la vida, como los hay en el gremio de electricistas o en cualquier otro”.
No estoy de acuerdo con Rajoy en dos aspectos:
Primero.- si es necesario una reforma de la Ley electoral que quite poder a grupos minoritarios que condicionan las politicas del interés general.
Segundo.- el Estado debe intervenir para garantizar a cualquier español que desarrolle sus estudios en la lengua que él elija, incluído el Castellano, lengua oficial de todos los españoles.
Fué muy certero en una de las últimas respuestas a la funcionaria que seguía pidiendo aumentos de sueldos y beneficios para los funcionarios públicos, esos que para mi son la gran lacra de la Administración, le dijo:
“ no sé cuanto gana un funcionario determinado, pero si sé que bastante más que la pensión de las dos señoras viudas y pensionistas, que han hecho anteriormente su pregunta, juntas”.
Únicamente sentido común.
Espero ansioso vuestra batería de reproches.
Un saludo a todos.
Maquiavelo
Así lo vió "El Semanal Digital":
... Sobre el plató pudo verse, por encima de todo, a un Rajoy honesto. No recurrió al fácil recurso de complacer a sus interlocutores, y a media docena les llevó la contraria con tanta cortesía como sinceridad. No rehuyó los temas espinosos, y en el más espinoso de ellos, la guerra de Irak, no empleó ningún arma retórica para escabullirse: explicó las razones, y las limitaciones, de las decisiones adoptadas por el gobierno del que formó parte. Y, lo que es más importante, no halagó el oído de los espectadores dibujando un futuro color de rosa..."













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20.04.07 @ 10:47